¡ESTAS
CONECTADO!
Encontramos 3 jugadores como tú,
monitoreamos sus ondas cerebrales y los dejamos batallar por $500
dólares. Esto es lo que puedes aprender
de nuestro experimento.
By Connell Barrett
Foto: "Golf Magazine" número: marzo 2007.
El experimento: observar a 3
jugadores competir durante una ronda y poner $500 dólares en concurso, mientras
usan un monitor de ritmo cardiaco y sensors EEG (los cuales miden la actividad
eléctrica de tu cerebro) para determinar cómo el estrés de afecta la mente y
cuerpo de los golfistas.
CASO 1: Miedo en el primer
tee!!
“Mi problema es que no puedo
no pensar en el problema”, dijo Kevin Leibel en el primer tee, “eso y que me
tenso cuando juego con mejores golfistas. Siento que no pertenezco ahí. Pero
hoy me siento bien”. Un vistazo al
monitor del reloj de muñeca relevó su ritmo cardiaco: 89 latidos por minuto. Él
está más relajado que Fonzie hasta que se le recuerda que 6 millones de
lectores están, en esencia, a punto de verlo dar el primer golpe. “Hey, gracias”.
Él miró de nuevo su muñeca. “Wow, 93”. Risa incómoda. “Ahora 99, 103, 107. Mejor
golpeo de una vez antes de que caiga muerto”. El resultado: un débil
push-slice. Ritmo cardiaco: 122. Minutos más tarde, después de que sus compañeros
se alejaran un poquito, Leibel encontró su golpe de salida, luego encabezó 2
rectas. Su corazón se acercaba al 130. “Odio meter la pata enfrente de los
mejores jugadores,” Leibel dijo, “Ahora estoy nervioso”.
Más tarde, en el tee del
par-4 hoyo 13, el pulso de Leibel bajó de 120 a 94 después otros 2 desatados
salvajes golpes; luego él fríamente puso en marcha su mejor jugada, un misil de 230 yardas. “Odio decir esto”, Leibel admitió, “pero
cuando otros chicos lo arruinan, me relajo. Pienso ‘ok, soy uno de ellos. Aquí
pertenezco’. Me tengo que recordar a mi mismo que a ellos no les importa lo que
tire. Y tengo que dejar de permitir que cada pensamiento se me menta a la
cabeza en el tee”.
CASO 2: Temor de arena
“No, mantente pelota!,
mantente!” Gabriel Szulik gritó después de dar su golpe en la yarda 167, par-13
hoyo 12, (“Este hoyo es la ‘Ciudad del
Paro Cardiaco’”, esto dijo un lindo cuyo). Pero Szulik no estaba preocupado por
el lago. “Yo sólo quería mantenerme al margen del bunker de la izquierda”, él
admitió. “Odio los bunkers”. El músculo latente en su pecho estuvo de acuerdo:
su ritmo cardiaco se disparó a 111 latidos por minuto.
Mientras él prefiere caer en
una trampa para osos que en un bunker, el problema encontró a Szulik cuando su
bola corría hacia un crater a 50 yardas de la bandera. “Oh boy!”, Szulik dijo
entre risas. “El tiro más difícil en el golf. Aquí no pasa nada”. Él clavó sus tacos de los zapatos a la arena y
luego algo divertido pasó. Se concentró fríamente y su pulso decayó: 105, 99,
94. Luego, golpeó!. Él cogió una cuña
perfecta, voló 30 yardas de arena y cayó a 5 pies de la bandera. “Increíble!,
por alguna razón no sentí presión”, Szulik dijo. “Sólo lo vi y lo golpeé”.
El Dr. Keefe’s dijo: “Estabas
tan convencido de que conquistarías el tiro”, le dijo a Szulik, “que estabas
completamente relajado y sin pensar en los resultados. No tuviste miedo porque
no tenías ninguna expectativa, y tú sólo diste el tiro del día! “.
CASO 3: Miedo de putts
cortos:
Después de terminar en el hoyo
18, el momento de la verdad del la neuro-combustión estaba a la mano: un
concurso de 9 hoyos por unos $500 dólares, con putts desde 3 a 10 pies. Pero
primero, 2 técnicos del laboratorio de
Duke colocaron 15 sensores de EEG a cada golfista para medir la actividad eléctrica
en el cerebro y en los músculos de la cara.
Una cosa divertida que pasó:
Herman, El Hombre Que No Podía Poner En Recta El Putt, era una roca con
dinero en juego, haciendo putts desde 3, 4 y 5 pies para impulsar a su equipo
con una ventaja de 2 hoyos, después de 6 agujeros. “Normalmente tengo un
pensamiento negativo que me ata”, Herman explicó. “Pero habían muchas
distracciones- los alambres, el dinero, el fotógrafo- que no me pude concentrar
en una sola cosa. Esto me forzó a decir ‘Sólo has una buena tirada’ “.
Las lecturas de EEG más
reveladoras pertenecieron a Leibel, quien se enfrentó a 3 pies de altura en el
hoyo 7 para extender el partido. Juego Terminado. Los datos indicaron el
disparo de voltaje masivo en los músculos de su cara y en el lóbulo frontal –
el cuadrante cognitivo que pesa el riesgo y recompensa. “Su cerebro estaba muy
activo, y esto causó mucha tensión en su cara y cabeza”, Keefe dijo. En los putts realizados por Leibel, su lóbulo
frontal estaba muy quito como una nevada.
“En estos”, Leibel dijo, “recuerdo
pensar ‘un paso adelante y haz que algo suceda – no dependas de tu pareja’ Es
asombroso saber que puedes callar tu mente y tener un impacto directo en tu
camino en el putt. El infierno de las escuelas de golf. Todo lo que necesito es
lobotomía!!”.
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